Hacia un concepto ético de "rendición de cuentas" en las organizaciones civiles
Alberto Hernández Baqueiro*
*
Profesor–investigador del Departamento de Humanidades y director del
mismo, Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México: albherna@itesm.mx
Fecha de recepción: 15/05/2008
Fecha de aceptación: 1/08/2008
Fecha de aceptación: 1/08/2008
Resumen
Se plantea la importancia de la "rendición de cuentas" (accountability)
en organizaciones mexicanas, mediante la discusión del concepto y la
propuesta de fortalecerlo destacando los factores de carácter ético que
lo constituyen. En ese sentido, se destaca la aproximación ética a un
problema práctico y urgente de las organizaciones civiles, al mismo
tiempo que se recoge información empírica en relación con las prácticas
actuales. Este tema se enmarca en el estudio ético de los "recursos
morales", lo que lo sitúa en una perspectiva de análisis de las
contribuciones que la ética puede hacer para mejorar la práctica de las
instituciones de la sociedad, ejemplificado en el caso de las
organizaciones civiles. El ensayo destaca la contribución del análisis
ético entendido como juicio moral de las acciones de la institución, la
insuficiencia del modelo legal–institucional, y las aportaciones de un
concepto de rendición de cuentas ético. Finalmente, se incluye una
contextualización básica para la práctica de la rendición de cuentas en
las organizaciones civiles mexicanas.
Palabras clave: rendición de cuentas, responsabilidad, organizaciones civiles, ética, recursos morales, juicio moral, confianza.
Abstract
We
study the idea and implications of accountability in Mexican
organizations by means of a theoretical discussion of the concept and
the inclusion of its ethical characteristics. In this way, we underline
a particular approach on an emergent problem, at the same time that we
collect some empirical information about the present practices in the
non–proft sector. This issue is proposed as a part of the study of
"moral resources" and, therefore, it tries to figure out the
contributions that Ethics can make to improve practices in social
institutions, using the case of civil organizations as an example. This
essay stresses the contribution of ethical analysis, since we
understand it as the moral judgment on the institution's performance.
The paper points out the defciencies of the legal–institutional model
of accountability and suggests a complementary ethical concept of
accountability. Moral or ethical analysis on accountability systems is
needed as much as technical, administrative and legal ones. The
importance of historical context is commented on at the end of the
essay, in order to provide recommendations for the practice of
accountability in civil organizations.
Key words: implications of accountability, responsability, civil organizations, ethic, moral resources, moral judgment, confidence.
Introducción. Por qué ética y rendición de cuentas en las organizaciones civiles
Hoy
día la contribución de la ética es reclamada desde múltiples
problemáticas de primer orden: desde los problemas suscitados por los
desarrollos tecno–científicos (motivo detonador de la bioética), hasta
los desafíos en la construcción de la democracia o la responsabilidad
de las empresas y los gobiernos en la degradación del medio ambiente.
Aquí me referiré a una parcela de la investigación ética actual
dedicada a la comprensión de las dimensiones morales de las
organizaciones humanas.
Desde
hace tiempo, la ética de las organizaciones ha sido cultivada de manera
abundante en la vertiente de la ética empresarial, donde existen
revistas especializadas desde hace varias décadas. También, aunque
diría que de modo menos abundante, se dispone de un buen acervo de
material académico relativo a la ética en el ejercicio del gobierno o
en la función pública,1 algunos de los más recientes promovidos por organismos de cooperación internacionales.2
Empero, los estudios sobre las dificultades éticas en la actuación de
las organizaciones civiles son comparativamente menos abundantes. Por
otra parte, entre los autores de los escritos sobre estos temas dominan
los especialistas que trabajan en las escuelas de administración y
negocios y en las escuelas de gobierno, mientras que los académicos
basados en las escuelas de humanidades y filosofía son minoría. En
consecuencia, las investigaciones en estos campos frecuentemente
ofrecen una perspectiva más cercana a las metodologías y preocupaciones
de las academias de administración, política, sociología y
antropología, es decir, con un énfasis en la investigación empírica y,
de ser posible, apoyada en métodos cuantitativos.
El
ensayo que se ofrece a continuación es un ejemplo de una aproximación a
los problemas de orden ético que enfrentan las organizaciones sociales,
relativamente menos estudiadas que las empresas y el gobierno, que
utiliza pero no se reduce a la constatación empírica. Se ha escogido un
tema en particular, el de la "rendición de cuentas", por varias
razones. Primero, porque corresponde a la perspectiva de estudio que
privilegia el entendimiento de los recursos morales de la sociedad por
encima del estudio de los sistemas de control y, segundo, porque se
trata de un tema particularmente interesante para la práctica de las
organizaciones civiles en el momento presente, y en particular en
México. Para efectos de este trabajo usaré la expresión genérica
"organizaciones civiles" para referirme a las organizaciones no
gubernamentales, las no lucrativas y solidarias, entre otras
denominaciones. Hay diferencias conceptuales más o menos sutiles entre
las diferentes designaciones,3
pero considero que para efectos de este ensayo podremos tratar a las
organizaciones genéricamente como organizaciones civiles porque todas
ellas tienen en común la búsqueda de alguna forma de bien público, se
basan en la colaboración libre de ciudadanos, no persiguen de manera
inmediata el ejercicio del poder político ni justifican su existencia
en función de la generación de ganancias repartibles entre sus
propietarios. Como se verá más adelante, ese perfil las hace
particularmente sensibles al ejercicio de una ética cívica que, en
último término, es fundamental para explicar su existencia y su
actuación, en un sentido ético y también en un sentido estratégico.
Con
la expresión "en sentido ético" quiero aludir al postulado de que la
ética es necesaria para que cualquier organización humana sea
aceptable. Así es como leo la conocida frase de J. Rawls: "La justicia
es la primera virtud de las instituciones sociales [
] no importa que
las leyes e instituciones estén ordenadas y sean eficientes: si son
injustas han de ser reformadas o abolidas".4
Con la expresión "en sentido estratégico" quiero decir que además las
organizaciones civiles operan utilizando una serie de recursos
intangibles o recursos morales5 que
condicionan su eficacia. En cuanto al orden de la exposición, es
conveniente clarificar las nociones que se ponen en juego, así sea sólo
para ponernos de acuerdo en un punto de partida y no para agotar la
discusión. Esto es lo primero que haremos. Seguidamente, se traza una
relación entre algunas nociones procedentes de la ética y la idea de
rendición de cuentas. A partir de ese punto se halla la propuesta del
ensayo. Consiste en hacer un ejercicio exploratorio, tomando la noción
de rendición de cuentas como ejemplo de un proceso vital para las
organizaciones en el que convergen factores de orden moral, y en el que
se producen asimismo una serie de efectos también de naturaleza moral.
Entre todos estos efectos podrán encontrarse algunos que pueden
llamarse "recursos morales", cuando ellos contribuyen al mejor
desempeño de la organización. El ejercicio mostrará, según creo, la
importancia de cultivar los aspectos éticos en la operación de las
organizaciones civiles, en aras de fortalecer su capacidad de
contribuir a la realización de un ideal de sociedad. Esperando que las
ideas precedentes vayan bien encaminadas, continuaremos el ejercicio
proponiendo un concepto de rendición de cuentas que destaque los
elementos de carácter moral que lo forman, y que permita derivar
algunas orientaciones para la práctica de la misma en las
organizaciones civiles.
¿Qué
alcance tiene la idea de rendición de cuentas? Actualmente la noción se
encuentra posicionada como uno de los grandes asuntos de la discusión
pública y académica respecto a todas las instituciones, tanto las
públicas como las privadas. El aspecto más discutido de la rendición de
cuentas es el de la transparencia y el acceso a la información. El
estudio del tema se vio incrementado en México a raíz de la entrada en
vigor de la Ley Federal para el Acceso a la Información Pública y el
Instituto que garantiza este derecho. Su alcance es de orden
estructural para la sociedad mexicana. En esa medida, es patente que
afecta también a las instituciones civiles, pero es posible que la
discusión, a pesar de que ahora es ya profusa y sigue creciendo,
todavía pueda aportar más elementos que ayuden a mejorar la práctica
cotidiana de nuestras instituciones.
Y
es necesario tratar del tema en conexión con la discusión ética porque
los modelos legales tienen limitaciones críticas para orientar la
acción real de las organizaciones. P. Dobel6
llamó "legal institucional" al tipo de modelo que enfatiza la sujeción
a la autoridad legal e institucional. Las variantes de este modelo de
rendición de cuentas se pueden refinar mediante participación de
diversos públicos. De suerte que las propuestas sobre rendición de
cuentas que no van más allá de la coerción (inforcement) que se hallan al presente, caen en el tipo de modelos legales–punitivos.7
En la práctica, los modelos legales institucionales no pueden recoger
la inevitable diferencia que hay entre la disposición legal,
forzosamente abstracta y general, y las circunstancias reales y
particulares, inevitablemente necesitadas de interpretación prudencial.
Los modelos legales punitivos, por su parte, son reactivos, actúan a posteriori,
y por consiguiente son insuficientes como criterios orientadores para
la acción. Por eso es tan conveniente desarrollar una idea de rendición
de cuentas ética, pro–activa, orientadora, que aproveche y genere los
recursos morales de las organizaciones.
Vale
decir que hay ciertas estrategias de abordaje de la rendición de
cuentas que tienden a omitir la consideración de los aspectos morales y
solamente prestan atención a los aspectos técnicos, administrativos o
legales. En consecuencia, en este ensayo se tratará de exponer un
modelo de rendición de cuentas que subraya los aspectos éticos, sin
pretender que se descarten los sistemas administrativos que incorporan
procedimientos de rendición de cuentas, tanto al nivel de las
iniciativas ciudadanas como al nivel de la acción de las entidades
públicas. Cabe decir, que lo que en las iniciativas privadas es terreno
de discrecionalidad, en el caso de las instituciones públicas de hecho
se acota más por medio del establecimiento de políticas públicas para
tales instituciones.
En
la última parte del escrito se ofrece una contextualización sobre el
régimen de rendición de cuentas de las organizaciones civiles en
México, a manera de insumos para la puesta en práctica.
Aproximación a la rendición de cuentas desde las ideas de ética y responsabilidad
En
las líneas que forman este subtítulo no se pretende discutir
exhaustivamente las ideas de ética y responsabilidad. Nos referimos a
conceptos tradicionales en este campo (libertad y responsabilidad),
cuya discusión estricta merecería un lugar aparte por sí mismo.
Partimos de que el lector cuenta ya con una noción operativa8
que nos basta para que se entienda la propuesta más específica, en la
segunda parte del artículo. Por esta razón las referencias documentales
serán las estrictamente necesarias y básicas.
De
las muchísimas variantes que puedan hallarse para definir la ética
pueden extraerse algunos elementos comunes que nos permitan configurar
nuestra aproximación al asunto. En términos generales se acepta que la
ética es una búsqueda y una pregunta más que una respuesta definitiva.
La ética se constituye por medio de una reflexión racional acerca de
cuál es la mejor manera de vivir, y la manera correcta y buena de
relacionarse con los demás. Los supuestos indispensables de toda
indagación ética son corolarios de un principio esencial: los seres
humanos somos libres,9
podemos elegir distintas formas de acción en función de una serie de
insumos objetivos tales como las circunstancias, la información y los
medios e instrumentos disponibles, y de otra serie de elementos
subjetivos como los intereses y deseos, las capacidades personales
(dejamos ahora de lado la cuestión de si se trata de capacidades
percibidas o reales),10 la visión del mundo y las convicciones personales.
La
reflexión ética tradicionalmente ha propuesto que cuando las personas
actuamos libremente tenemos la oportunidad de crear. A través de
nuestra acción libre podemos introducir en el mundo nuevas realidades
que solamente existen gracias a nuestra voluntad creadora que, a su
vez, es una manifestación de nuestra racionalidad. La maravillosa
posibilidad de la creación va unida con el riesgo del fracaso. El
fracaso puede adoptar muchas formas. Aunque también el éxito puede
admitir varias formas, el fracaso parece ser más diversificado. El
fracaso puede ocurrir porque hay una falla en los insumos, por ejemplo
que tenemos información errónea, que nuestras capacidades son
inferiores a las necesarias para cumplir con nuestros planes, o más
dramáticamente, que nuestros propósitos no son coincidentes con una
norma de acción, es decir, que actuamos de manera deliberadamente
incorrecta. Como consecuencia de lo anterior, enunciado de modo tan
sucinto, toda acción libre conlleva responsabilidad.11
La
responsabilidad es la característica de toda acción libremente ejercida
de ser adjudicable en sus consecuencias y en su autoría a un agente
moral.12
En el lenguaje cotidiano suelen asignarse otros significados además a
esta palabra, como deberes u obligaciones materiales. Así, a manera de
ejemplo, la expresión "asignar responsabilidades en un equipo de
trabajo" puede significar asignar tareas u obligaciones a una serie de
personas. Aquí le damos a la noción un sentido preponderantemente
formal. Con esto queremos decir que la responsabilidad es una relación
entre un agente y su obra, independientemente de la calificación
material que merezca esa acción de acuerdo con un código normativo
particular. En palabras de Brodeur, la responsabilidad corresponde a la
esfera de la realidad más que a la esfera de la convención.13
La responsabilidad es una característica ontológica de la acción libre
o moral. O dicho de otra forma, un autor queda unido a su obra (un
agente a su acción), por ese vínculo que llamamos responsabilidad.
Puede ocurrir que ese vínculo sea invocado para ejercer alguna clase de
efecto sobre el autor cuando la acción que él realiza se encuentra
tipificada en un código moral convencional. Pero también puede ocurrir
que ningún código prevea dicha consecuencia, y así, aunque el agente no
pueda ser llamado a comparecer en virtud de la ley, de todas maneras
seguirá siendo moralmente responsable por su acción.
Cuando
hablamos de responsabilidad ética en sentido formal no la definimos en
función de un marco convencional normativo, sino en relación con una
realidad dura u ontológica que, hasta cierto punto, queda más allá de
la posibilidad de la tipificación de acuerdo a una norma legal
positiva. Cuando soy el autor de una acción soy responsable de sus
consecuencias, y merezco en función de tales consecuencias tanto el
elogio y el premio como el castigo y el vituperio por los resultados de
esas mis acciones y decisiones. Esto, independientemente de que exista
o no la posibilidad de pedir la intervención de un agente de autoridad
que sancione o garantice un efecto por las acciones y sus consecuencias.
Un
primer corolario de los trazos que acabamos de proponer, es una
diferencia neta entre los campos de la ética en sentido estricto y el
campo de la rendición de cuentas o accountability administrativa
y legal. No entraremos aquí en una discusión sobre las diferencias
semánticas en el idioma inglés y en el español de este vocablo que
estamos importando y traduciendo. Demos por sentado que "rendición de
cuentas" sea la traducción más cercana de accountability, y demos por sentado que es incompleta.14
Pero sí es importante recordar que cuando se importa un concepto
forjado en otro contexto cultural algo de los significados originales
se puede estar perdiendo, en tanto que algo se puede estar incorporando
como novedad en el lenguaje que hace la importación. Aquí, ése es
precisamente el caso. La idea de rendición de cuentas se está
utilizando y discutiendo al mismo tiempo que se redondea su significado
y sus implicaciones. Muchos están de acuerdo en que se le entienda como
esencialmente constituida por un factor de punibilidad. De acuerdo con
una manera de entender la rendición de cuentas que ha sido propuesta en
ese sentido, estaría constituida por los medios que hacen posible para
un público el llamar a rendir cuentas a una autoridad o agente. Esta
idea puede terminar de ilustrarse en términos del modelo de
"principales y agentes", donde la rendición de cuentas de un agente
está constituida por el conjunto de medios que hacen posible que dicho
agente sea accountable frente a su principal.15
Lo que aquí entenderíamos así: que pueda ser sujeto de imputación por
sus acciones y sus consecuencias. De momento no entraremos más en las
implicaciones del modelo agente–principal.16
Un
aspecto que se propone aquí es que es necesario en la práctica
construir los medios de rendición de cuentas en términos legales y
administrativos para una serie de actores públicos, pero que eso no es
suficiente para obtener la clase de acciones mejores que pueden
desearse en los agentes sociales, especialmente en los agentes no
gubernamentales. Y más aún, tampoco es deseable que esos medios de
rendición de cuentas sean muchos ni muy complejos, de suerte que se
conviertan en obstáculos, en lugar de cumplir una función de soporte
para el funcionamiento de las instituciones, lo que, en mi opinión, es
lo más importante que tiene que aportar la idea de rendición de
cuentas. En lugar de extender la idea de rendición de cuentas legal
hasta el máximo, sería conveniente reducir su alcance a unos límites
prudenciales de acuerdo a los tiempos, los campos de trabajo, el legado
histórico y social de cada sector, y reforzar de manera simultánea el
papel de la responsabilidad ética en los actores individuales y
colectivos.
Ética profesional de las organizaciones civiles y rendición de cuentas
La
ética es un campo de trabajo amplio donde la tradición ha deslindado
algunos terrenos. Uno de ellos que se cultiva entre los moralistas es
la ética profesional. En términos generales, la ética profesional se
entiende como el conjunto de consideraciones sobre la mejor actuación
posible en el ejercicio de una profesión. En términos weberianos,
entendemos por profesión el trabajo que una persona realiza de manera
más o menos permanente y durante periodos largos de tiempo, y que
constituye normalmente para esa persona la forma de obtener los medios
de su subsistencia.17
Las obligaciones o deberes profesionales pueden verse desde dos
perspectivas: por una parte, constituyen una serie de contenidos
socialmente exigibles respecto a la actuación del profesional; por otra
parte, la ética profesional también comprende los valores o metas, o
también podríamos decir las razones por las cuales el profesional tiene
aquella ocupación. Socialmente existen también unas expectativas, a
veces explícitas por medio de códigos de ética profesional,
declaraciones de colegios profesionales o de autoridades en cada campo
de actividad. Pero además de unos mínimos que la sociedad considera que
cabe esperar del profesional, éste tiene sus propios motivos que lo
llevan a elegir determinada ocupación, por ejemplo, el deseo y el gusto
de cultivar un determinado campo del saber, una convicción de mejora de
su persona, su grupo social o comunidad, y otras semejantes. Ese
conjunto de razones pertenece a un sustrato de carácter ético o valoral.
Desde el punto de vista de la ética profesional, las organizaciones civiles tienen un perfil propio18
que las hace diferentes en algunos aspectos si se les compara con lo
que ocurre en otros tipos de instituciones sociales. Las organizaciones
civiles que prestan servicios están sujetas a cumplir con las mismas
regulaciones positivas que existen para otras entidades en el campo de
acción donde se desenvuelven, por ejemplo la normativa sanitaria para
las que se dedican a la salud, o las que rigen la asistencia social, o
la normativa ambiental, o la de conservación del patrimonio, o las
educativas, etcétera. Pero además de ello, se presentan al público como
organizaciones cuya finalidad no es conseguir un beneficio económico
entre un grupo de propietarios. Me parece que esto hace suponer muchas
veces que la organización no lucrativa no se posiciona en la sociedad
con los criterios de eficiencia o maximización de una ganancia, como
hacen las empresas comerciales, sino en función de otros criterios.
Nadie espera en un sistema capitalista que las empresas se establezcan
ahí donde no se vislumbran posibilidades de obtener eventualmente
ganancias, pero sí esperamos continuamente que la acción de la sociedad
a través de las organizaciones no lucrativas, opere guiándose con
criterios donde los valores determinantes son otros.
Nos
fiamos entonces en la voluntad que subyace a las iniciativas civiles de
llevar a cabo acciones de beneficio para la sociedad que no operan con
el interés lucrativo en primer lugar. Sabemos que esto no significa que
el público lo perciba así en todas partes. En México y en todo el mundo
hay instituciones sin fines de lucro que han llegado a poseer un
patrimonio considerable, pero esto no forzosamente implica que haya
cambiado su naturaleza para convertirlas en empresas que venden
productos o servicios con la finalidad de generar ganancias a sus
propietarios. Lamentablemente, pero no por sorpresa, se pueden
encontrar casos de corrupción entre las organizaciones civiles, como en
cualquier otro tipo de institución social. Cabe preguntarse entonces
cuáles principios de carácter ético deberían ser explícitos y acatados
por parte de toda organización no lucrativa, que no se refieren al
cumplimiento de su misión específica sino al carácter altruista,
solidario o simplemente no lucrativo con el que esa misión es
emprendida. En ello se pone en juego la naturaleza que se atribuye a
las organizaciones, bien sea profesional, cercana, por ejemplo, a una
idea gerencial o empresarial; o bien sea política, como contrapunto del
Estado; o filantrópica, orientada a un asistencialismo paliativo de las
deficiencias del sistema social. Como explica Manuel Canto,19
las diferencias son relevantes. Ejemplifiquemos con el espinoso tema de
la relación de las organizaciones civiles con el Estado. Podría
pensarse que las organizaciones civiles son alternativamente
competidoras y luego cooperadoras frente al Estado y frente al sector
empresarial. Lo que encontramos en realidad es una amplia gama de
posiciones desde aquellas que están muy identificadas con uno u otro,
hasta las que se definen de manera radical por su oposición contra uno
y otro. Hay organizaciones civiles que no quieren relacionarse con
ningún gobierno por principio, ni recibir recursos ni entablar ninguna
clase de cooperación. También hay organizaciones que ven a las empresas
privadas como depredadoras irredentas de la naturaleza y los
consumidores, del todo indignas de confianza. Y las hay que simpatizan
mucho con el sector empresarial. La posición en la que se colocan
influye en su idea de cómo ejercer la rendición de cuentas, frente a
quién y acerca de qué materias.
Al
hablar de la rendición de cuentas tendríamos que considerar que hay una
parte más o menos técnica que puede referirse a la gestión
administrativa, a la eficiencia en el uso de los medios de los que
dispone, a la honradez en la acción de sus directivos y empleados,
etcétera. Las preguntas ya clásicas de la rendición de cuentas pueden
contestarse respecto a esa dimensión de la acción institucional. Como
se sabe, tales preguntas son poco más o menos las siguientes: ¿quién
debe rendir cuentas?, ¿ante quién debe rendir cuentas?, ¿sobre qué debe
rendir cuentas? Las respuestas recurren normalmente a un modelo de
definición de los grupos de interés legítimo (stakeholders),
audiencias o públicos que están involucrados con la acción de las
instituciones. La explicación del modelo discurre, sumariamente, del
siguiente modo:
Pregunta
1. ¿Quién está obligado a rendir cuentas? Todas las instituciones de
interés público están obligadas a rendir cuentas a la sociedad en
general, y las organizaciones civiles son de interés privado y público
a la vez.20 Las organizaciones civiles están obligadas a rendir cuentas en la medida que son de interés público.
Pregunta
2. ¿De qué hay que rendir cuentas? Del cumplimiento de la misión
pública encomendada a la organización, y de la gestión de los recursos
que se hayan recibido por parte de la sociedad, no solamente de los
recursos de origen fiscal sino también de los recursos recibidos como
donativos privados para el cumplimiento de la finalidad específica de
cada institución.
Pregunta
3. ¿Ante quién hay que rendir cuentas? Ante el conjunto de partes
interesadas, esto es, todos los que legítimamente tienen un interés en
el trabajo de la organización. Empleamos para defender esta propuesta
la noción de grupos de interés o stakeholders, que se ha divulgado sobre todo en la literatura sobre ética empresarial y responsabilidad social. Los stakeholders pueden definirse como todos aquellos actores que pueden legítimamente reclamar un derecho sobre el desempeño de la organización.21
La explicación de la rendición de cuentas desde el modelo de los stakeholders es
útil y satisfactoria en varios sentidos. Pero querría agregar algunos
aspectos que considero importantes. Esto es, que la rendición de
cuentas considere también un momento de reflexión en que la mirada se
dirija a las razones que explican por qué existe la institución, si se
acerca y de qué manera al cumplimiento de los ideales que llevaron a su
existencia más allá del cumplimiento de los estándares legales y
técnicos que le sean pertinentes. La teoría del impacto social puede
proveer un marco de referencia útil y detallado para ese ejercicio.22
En general, la problemática de la evaluación de las organizaciones, y
de la acción social en general, está vinculada de esta forma con la
idea de rendición de cuentas por parte de los agentes. Sin embargo, hay
que recordar que la evaluación consiste en la comparación de unos
resultados con respecto a unos criterios definidos previamente. La
evaluación podría entenderse como un proceso técnico, en tanto que la
rendición de cuentas, especialmente la rendición de cuentas desde la
perspectiva ética, es también un juicio moral.
Rendición de cuentas y juicio moral
En
la ética individual el juicio moral sobre las acciones se realiza
tomando en cuenta un marco normativo, pero también el conjunto de
circunstancias que concretan la acción y las intenciones del agente.
Aquí pretendemos que la acción de las organizaciones también es
susceptible de un juicio que haga comparecer el complejo de
circunstancias y las finalidades propias de la organización. Para usar
el juicio moral como herramienta de construcción de la rendición de
cuentas, hay que suponer que la acción de la organización es
susceptible de un juicio, de manera análoga a como lo es la acción de
los individuos; pero son juicios distintos el que se hace para la
acción del individuo y el que se realiza para la acción de la
organización. No hay que confundir el juicio y la responsabilidad de
las acciones estrictamente individuales con las hechas por la
organización–institución, aunque éstas se lleven a cabo, vicariamente,
a través de las personas individuales.
El
tema al que nos referimos nos remite al problema de la agencia moral
colectiva o corporativa, es decir, al problema de establecer cómo la
organización se constituye en un agente moral, ella misma, diferente en
algún grado de las personas individuales que concurren en ella. No nos
extenderemos aquí en la discusión de la agencia moral colectiva,23
pues rebasa los límites trazados para este ensayo, pero se trata de una
noción cercana a la experiencia cotidiana. Las personas ejecutan
mandatos, en cuya formación sólo participan fragmentariamente, si es
que participan, cuando colaboran en una organización más o menos
compleja. Nos conformaremos por ahora con proponer que una
organización, en la medida que está bien constituida, puede adquirir
los atributos de la persona moral, de manera análoga. Que está bien
constituida puede entenderse como un resultado de su diseño
institucional.24
Es decir, puede tener unas intenciones o finalidades propias definidas
tanto formalmente (establecidas en documentos oficiales, políticas y
reglamentos) como informalmente (a modo de cultura, creencias y
prácticas); dispone asimismo de recursos propios distintos de los
recursos de los individuos y actúa eficazmente a través de los
individuos que trabajan para ella. No se propone aquí la desaparición
de la responsabilidad personal por las acciones, sino la presencia coincidente de una responsabilidad del agente institucional por las acciones ejercidas en su nombre.
Supuesta la pertinencia de la agencia moral institucional, revisemos los elementos del juicio moral25
para reforzar la idea de rendición de cuentas. La calificación moral de
una acción atiende a tres grupos de factores. El primer factor es la
acción misma, la realidad que alcanzan las modificaciones del mundo o
de las personas, que se consiguen por medio de la acción del agente. Un
segundo factor son las condiciones y circunstancias en las que se
realizó esa modificación, por ejemplo, la calificación moral que nos
merece la acción teniendo a la vista el conjunto de medios,
instrumentos y procesos por medio de los cuales se alcanzaron
determinados resultados. Por ejemplo, si se han respetado los derechos
de todos los involucrados, si se ha perjudicado a alguien
colateralmente, si se ha actuado contra las declaraciones, promesas o
principios propios, si se han dispuesto todos los medios e instrumentos
necesarios, entre otras. Finalmente, un tercer grupo de factores son de
orden subjetivo, como el interés que se persigue a través de esas
acciones, el altruismo puro o estratégico que alienta nuestra acción,
el deseo de hacer el bien, etcétera. El juicio moral individual
difícilmente es accesible para un observador externo porque requiere el
conocimiento de las finalidades o intenciones, que son subjetivos; pero
es un ejercicio que puede llevar a cabo el propio agente en su
introspección. Desde luego, sería impertinente esperar que un
observador externo tenga acceso a ese ejercicio. Pero el asunto sería
un poco diferente al hablar de los fines institucionales. Para que el
juicio moral opere en la organización será preciso que la introspección
se haga explícita a su interior. Imaginamos el juicio moral como un
balance reflexivo que exige la adopción voluntaria y libre de las
consecuencias de los actos realizados, más allá del límite que puedan
marcar las autoridades políticas a través del juicio legal. Por
consiguiente, el juicio moral se distingue del juicio legal, según el
cual las obligaciones de las organizaciones se definen conforme a leyes
objetivas. Para el juicio moral, en cambio, las obligaciones de definen
conforme a leyes, pero también de acuerdo a principios adoptados de
manera autónoma. A su vez, adoptar compromisos de manera autónoma puede
significar la obligación de orientar las acciones hacia la
realización de metas y valores, no solamente de respetar los mínimos
legales que valen para todos.
Esta
dimensión moral del ejercicio de rendición de cuentas sólo es posible
en el ámbito privado, de suyo no se puede pedir que se haga pública
(vale decir, que se someta a la aprobación de terceros, salvada la ley)
porque eso sería una intromisión en el ámbito de la privacidad de los
agentes, tanto individuales como institucionales. Entonces, ¿no es
obligatoria (y en consecuencia, ya no sería accountability)? Al
contrario. Es obligatoria, pero de obligatoriedad moral y no legal. Una
rendición de cuentas moral se ejercería de manera autónoma, eso es
libremente, en virtud de los compromisos adquiridos sin coerción
externa. No hay coerción desde el exterior, sino sólo en virtud de la
conciencia moral que exige, desde dentro del agente, la realización de
un tipo ideal de acción. Provisionalmente, podemos llamar a esta
exigencia "principio de virtud", y se entiende desde los imperativos de
la ética profesional.26 Otra vez, esto ocurre en la organización de manera análoga al agente moral individual (persona en sentido estricto).
Sostengo
que reservar ese espacio de privacidad dentro de la rendición de
cuentas para todo agente no es atentar contra el derecho que asiste a
la sociedad, y a los grupos de interés legítimo, de que sus agentes
subordinados les rindan cuentas. Es reconocer que hay un límite a ese
derecho, un límite que es necesario para que haya vida creativa y
libre. Es un espacio donde cada institución puede elegir autónomamente
qué objetivos plantearse, qué estrategias seguir, a quiénes involucrar
en su acción, qué valores y metas quiere realizar. Y todo esto
encuadrado en la responsabilidad que cada uno tiene respecto de sus
elecciones y sus actos. En otras palabras, el agente, tanto el
individual como el institucional, más allá de las obligaciones legales
establecidas por el marco normativo que le corresponde, es libre de
hacer lo que considere mejor para sus propios fines. Pero no debería
ser arbitrario en esas elecciones. Persisten principios de congruencia,
de legitimidad y de virtud que subsisten y que deberían ser criterios
sujetivos de evaluación en un acto de rendición de cuentas ética.
La congruencia se
consigue por la fidelidad a los compromisos adquiridos y las promesas
publicadas, explícitas muchas veces en los documentos fundacionales. El
principio de virtud, por su parte, exige internamente la realización de un tipo ideal de acción. En tanto que la legitimidad se
consigue primeramente por el objeto propio o "misión" de la
organización (creo que los notarios lo llamarían "su objeto social"),
estrechamente vinculado a la ética profesional de la que hablamos
líneas arriba. La rendición de cuentas moral se expresa como un juicio
sobre la acción de la organización de cara a esos principios, más allá
de las obligaciones marcadas por la ley positiva.
Ahora
bien, además del valor moral de las acciones llevadas a cabo, la
rendición de cuentas puede tener un valor estratégico, pues puede ganar
una serie de recursos morales para la organización, tales como
legitimidad, confianza, autoridad y capital social. Antes de entrar en
esos aspectos estratégicos o utilitarios de la rendición de cuentas, y
todavía en el terreno axiológico, digamos que las organizaciones
civiles también se ven presionadas a rendir cuentas porque en el
contexto mexicano hay una demanda en ese sentido que gana fuerza cada
día. Se apoya en la creencia de que hay que encontrar formas de
convivencia más democráticas en todos los ámbitos, desde la política
hasta la escuela y todas las formas de convivencia. La rendición de
cuentas está relacionada con la idea de una cultura democrática, no
solamente en relación con las instituciones del Estado sino también en
relación con las civiles, y en relación con el creciente protagonismo
de éstas en la atención de lo público.
Y
se asume que la democracia implica participación bajo ciertas
condiciones de igualdad y derechos. "Una de las convicciones que se
está afianzando en la cultura política de la sociedad mexicana se puede
describir como la esencia misma del accountability: que el ejercicio legítimo del poder político debe estar sujeto al control de aquellos sobre los que se ejerce tal poder".27
Por consiguiente, la rendición de cuentas se presenta con dos aspectos,
como un instrumento de eficiencia institucional y como una obligación
moral dentro de cierto ideal democrático.
Sobre rendición de cuentas y generación de recursos morales
El
primero y más socorrido de los recursos morales de una institución es
la confianza. Ésta no es lo mismo que el capital social,28
que puede adoptar otras formas. Pero es indispensable para establecer
cualquier forma de cooperación, y por eso es como la llave para el uso
de toda otra forma de capital social. La rendición de cuentas es uno de
los motivos de confiabilidad que pueden hacer ganar la confianza de
parte de distintos agentes sociales. La desconfianza corroe las bases
de la colaboración. En la medida que un agente dispone de la confianza
del público puede operar con mayores posibilidades de respaldo por
parte de ese público. De esa forma, desde un punto de vista
estratégico, la rendición de cuentas tiene dos canales de
realimentación positiva para las instituciones. En primer lugar, porque
cumple con su obligación correlativa al derecho de sus grupos de
interés legítimo, a saber, el derecho de los beneficiarios, empleados,
financiadores, aliados, etcétera, de que se les rindan cuentas; en
segundo lugar, porque la rendición de cuentas satisfactoria puede
incrementar la confianza de esos públicos asimismo el capital social
disponible para la institución.
Todas
las instituciones sociales necesitan contar con unas reservas de
confianza que sustenten su interacción con el resto de la sociedad,
pero esta necesidad es quizá más apremiante en el caso de las
organizaciones civiles que dependen de las contribuciones voluntarias
de todo tipo para subsistir y desarrollarse. Las acusaciones de
corrupción minan de modo importante la confianza del público en las
instituciones e inhiben la formación de una moral pública. En el caso
mexicano, la función pública ha adolecido de una imagen negativa en
términos de corrupción y confiabilidad (así se ve consistentemente en
los resultados de la Encuesta Nacional de Cultura Política en 2003 y
2005). Para el sector no lucrativo encontramos una situación mixta
debida a la diversidad propia del sector. Por una parte, hay un
conjunto de organizaciones vinculadas con la iglesia católica que
tienen una larga tradición y comparten su prestigio moral, al menos
para una parte de la población, esto a pesar de las acusaciones y
escándalos de tiempos recientes. Por otro lado, están las
organizaciones vinculadas con el corporativismo estatal desarrollado
durante los gobiernos priístas, las cuales a su vez comparten su
desprestigio. Esta situación tampoco ha cambiado mucho desde el año
2000 como resultado de la alternancia en el gobierno federal: persisten
prácticas clientelares en sectores específicos como el campesino.29
Empero, en términos generales las organizaciones civiles gozan de
suficiente prestigio para obtener la confianza de la sociedad en
general, de suerte que los recursos que necesitan para operar provienen
tanto de ésta como del Estado.
Pero,
¿de qué manera puede una organización ganar la confianza de su público?
El desarrollo de medios de rendición de cuentas es una forma, pero la
capacidad de implementar esos medios está condicionada por varios
factores: algunos forman parte de su marco normativo, que en parte no
puede controlar ella misma, y otros corresponden a sus propias
características culturales y estructurales. A manera de ejemplo
mencionaremos en el siguiente apartado dos dimensiones de la estructura
de una organización que son determinantes en su capacidad de adoptar un
determinado sistema de rendición de cuentas: el tamaño y la permanencia
en el tiempo.
Sobre el régimen de rendición de cuentas de las organizaciones civiles mexicanas
La
supervisión sobre las organizaciones civiles en México, en principio,
corresponde al Estado, porque éste tutela el interés público. Desde
ahí, el gobierno establece las juntas de asistencia privada, que tienen
considerable autoridad sobre todas las organizaciones que adoptan la
figura jurídica de Instituciones de Asistencia Privada (aproximadamente
6% del total registrado). Llamativamente, la mayoría de las
organizaciones civiles (sobre el 53%) no adoptan esa personalidad
jurídica sino la más libre Asociación Civil,30
que tienen mucho menos supervisión estatal. En cuanto al marco
normativo de las organizaciones civiles, el principal referente es la
Ley de Fomento a las Actividades las Organizaciones de la Sociedad
Civil publicada en el 2002, pero hasta hoy es difícil ver cómo la ley
ha fomentado las iniciativas sociales, al menos en parte debido a la
inherente diversidad del sector, pero no hay completa coherencia entre
tal intención de fomento y las distintas disposiciones gubernamentales,
principalmente las de carácter fiscal.31
De hecho, a la hora de la explicación sobre la gestión de los recursos
un papel importante lo cumplen las distintas entidades que financian
algunas de las actividades de las organizaciones civiles, especialmente
las internacionales que tienen procedimientos más sofisticados o
incluso programas de fortalecimiento institucional y capacitación (como
ocurría en algunos de los impulsados por organizaciones internacionales
como Alianza, dedicada al Sida o The Nature Conservancy dedicada al
medio ambiente o por la Agencia para la Cooperación Internacional de
los Estados Unidos, USAID ).
Otro
problema más preocupante en el caso de las organizaciones civiles
mexicanas es el posible uso que puede hacer el Estado de los medios de
supervisión o control sobre las iniciativas ciudadanas. En el pasado,
el Estado mexicano siguió un proceso de incorporación de las
iniciativas sociales a una estructura paraestatal y partidaria, por lo
que subsiste el temor de un mal uso de las atribuciones del Estado para
autorizar, controlar o impedir el funcionamiento de algunas iniciativas
sociales. Las consideraciones precedentes acentúan la dificultad de
adoptar en México sistemas de rendición de cuentas que privilegien el
control legal institucional. La rendición de cuentas para las
organizaciones civiles debe partir de la consideración de sus
características organizacionales y su contexto específico.
El
tamaño y la experiencia ganada en el tiempo son importantísimas para
proponer alguna práctica de rendición de cuentas que sea asequible para
las organizaciones. Así, el tamaño del sector y sus organizaciones en
los países de la región y en particular en México es pequeño, según las
mediciones disponibles al momento. Aunque es discutible la pertinencia
de las metodologías empleadas para realidades nacionales diferentes
(por ejemplo las utilizadas en el estudio comparativo internacional de
la Universidad Johns Hopkins),32
al menos son un indicador de la situación que guardan las
organizaciones más consolidadas formalmente. Sin embargo, la
contribución del sector a la vida pública no guarda relación directa
con su tamaño, en especial en ciertos campos, por ejemplo en su
capacidad para orientar ciertos temas de opinión pública o para influir
en la confección de políticas públicas como nuevos actores al lado de
los tradicionales como partidos y sindicatos.33
De aquí que la importancia de las organizaciones civiles no pueda
apreciarse solamente en función del número y tamaño de las
organizaciones que lo integran.
Se
han hecho pocos intentos de establecer indicadores de institucionalidad
y transparencia para el sector no lucrativo en México. Uno de ellos es
conducido de manera laxa por el Centro Mexicano para la Filantropía
(Cemefi), y se concreta en diez indicadores muy sencillos que cada
organización aplica de manera voluntaria. Estos indicadores solamente
establecen algunas características básicas de formalidad legal y
fiscal, un cierto nivel de competencia profesional en las actividades
de la organización y finalmente algunas condiciones de estabilidad o
permanencia de la organización en el tiempo.34
No existe un registro de cuántas organizaciones cumplen con estos
criterios ni en qué medida. Por otra parte, los factores que incluyen
estos indicadores son convenientes para fomentar una gestión más
transparente en la organización pero no nos parecen suficientes para
asegurarla ni generalizables para entidades no estrictamente
filantrópicas.
Observemos
otros aspectos relacionados con la dimensión temporal. La mayoría de
las organizaciones civiles mexicanas de las que se tiene registro
tienen un ciclo de vida corto. De acuerdo con los datos de M. Calvillo,35
cada año desaparece alrededor de la mitad de todas las organizaciones
existentes, en tanto que se suma un número ligeramente mayor de nuevas
entidades, formando un nuevo conjunto que repetirá el ciclo al
siguiente año.
Según
la misma fuente, en el año 2001 el 52% de las organizaciones existentes
habían sido fundadas en el decenio anterior y el 77% en los veinte años
previos, entre 1981 y 2000. Sólo el 22% de las organizaciones
existentes entonces tenía una antigüedad mayor a 20 años. Desde luego,
no sugerimos aquí que la permanencia por sí misma es un signo de que
una organización rinde cuentas adecuadamente. Sólo proponemos que el
desarrollo de medios adecuados y que llegan a todos los públicos
legítimos es una tarea que se desarrolla prudencialmente, hasta cierto
punto por acumulación de experiencia, y que por consiguiente necesita
cierto tiempo para madurar.
La
mayoría de las organizaciones civiles son de pequeño tamaño, comparadas
con las empresas lucrativas corresponderían a empresas micro y pequeñas
y algunas medianas. Las dinámicas organizaciones internas están
condicionadas de modo muy importante por esta dimensión estructural.
Consideradas tres dimensiones estructurales, tamaño, formalización y
centralización, las organizaciones civiles mexicanas son
preponderantemente pequeñas e informales,36 por
lo que las características y funciones de la transparencia y la
rendición de cuentas no se cumplen de manera formal sino a base de
prácticas tradicionales y medios informales. El mismo tamaño de las
organizaciones limita la disponibilidad de recursos que pueden
destinarse a tareas contables y de control, que necesariamente habrán
de ser hacederas y útiles para la institución, no un mero adorno o
requisito impuesto.
El
diseño institucional para las organizaciones civiles mexicanas debe
tomar en cuenta estas características a la hora de proponer ciertas
estructuras éticas particulares, de manera que sean conscientes de las
fortalezas culturales y las debilidades que en otros órdenes pueden
tener las organizaciones. En ese sentido, el intento de usar ciertas
formas de "capital social" para impulsar determinadas iniciativas de
acción para la sociedad, no puede desvirtuar su naturaleza y
funcionamiento originales. Es necesaria la cooperación de las
organizaciones civiles, las entidades gubernamentales, las empresas y
los ciudadanos individuales pero dentro de las formas que permite la
cultura de hecho existente.
Cualquier
organización, sea pública o privada, posee una estructura que
interviene en la gestión de los múltiples asuntos que son materia
ética. En ese sentido, la "estructura ética" se refiere a los elementos
de la organización que intervienen, para bien o para mal, en la
actuación moral de la organización. Pero puede ocurrir que dicha
estructura esté subdesarrollada, o que algunos de sus elementos estén
corrompidos, y en ese caso la estructura no va a favorecer la conducta
ética de sus integrantes, tanto sus dependencias como sus individuos.
Por el contrario, mediante el diseño adecuado de la estructura, se
puede ayudar a que las dependencias e individuos tengan más alicientes
y encuentren un ambiente más favorable para actuar de maneras
éticamente correctas.
En
suma, la idea de estructura ética expresa la convicción de que a través
del diseño de una estructura que forma parte de la constitución misma
de la organización, a nivel precisamente estructural, es posible apoyar
su actuación ética. De este modo, no se deja la actuación a la sola
buena voluntad de los individuos, mientras que tienen en contra toda
una inercia y una estructura que operan en contra de sus buenas
intenciones.
El
diseño de estructuras éticas en las organizaciones civiles debe tomar
en cuenta que las reservas de confianza provienen parcialmente de
disposiciones formales tales como un sistema normativo o la existencia
de mecanismos de asignación de responsabilidades (obligaciones y
sanciones), pero también de la presencia de factores informales y
culturales que tienen gran importancia en la orientación de las
actividades. Los factores de tipo formal establecidos para el control
de las actividades no pueden sustituir el impulso o motor original de
las organizaciones civiles.37 Más control no significa necesariamente mayor efectividad ni más bondad.
Conclusión
Parecería
que las preocupaciones actuales en torno al tema de la rendición de
cuentas se han concentrado principalmente en sus aspectos políticos,
especialmente en aquellos casos de instituciones públicas y privadas
que reciben recursos fiscales para sus acciones. La consideración que
este tema del financiamiento merece es que hay que afinar los
mecanismos y las políticas generales que permitan transparencia en la
asignación y uso de los recursos por parte de todos los agentes. Tales
mecanismos deben forzosamente establecerse con la participación de
todos los afectados, y deben buscar al mismo tiempo que sean
satisfechas las obligaciones mínimas necesarias de honradez, pero de
tal manera que no se conviertan en una carga insufrible y costosa,
especialmente para las organizaciones más pequeñas o con menores
capacidades institucionales.
Por
otra parte, y de manera central para nuestra propuesta, hemos apuntado
varios elementos que ayudan a destacar que una rendición de cuentas
completa y realista no puede limitarse a un modelo legal–institucional
y punitivo, sino que debe tomar en cuenta la necesidad empírica de la
acción prudencial y discrecional, ha de permitir que los agentes puedan
tomar riesgos, innovar y crear, pero no de manera arbitraria sino en
función de criterios flexibles que son de carácter moral. El principio
de virtud, la responsabilidad colectiva e individual y la congruencia
serían ejemplos de criterios para llevar a cabo el juicio moral sobre
las acciones institucionales y personales. Tal juicio sería una parte
obligatoria en el acto de rendir cuentas, con una obligatoriedad moral
y no legal, so pena de cancelarla y anularla si se la reduce a
obligación legal. Queda aún mucho que trabajar en el aspecto ético de
la rendición de cuentas desde el momento que éste implica una adhesión
voluntaria a una serie de principios, o mejor todavía, a una serie de
valores compartidos, criterios prudenciales e incluso cierta visión de
cómo deben ser las cosas para beneficio de todos los interesados. Para
implementar este aspecto de la rendición de cuentas no basta con
definir estándares, los cuales son deseables y útiles, sino que hay que
trabajar en un proceso dialogante, hay que comunicar y convencer, crear
consensos y tejer redes, multiplicar la confianza y los vínculos entre
los distintos actores; explicitar los compromisos y cumplir las
promesas. Se trata de generar recursos morales, a manera de un capital
intangible que las instituciones pueden usar para solventar su acción,
así como para enriquecer sus juicios prácticos y elecciones. Se trata
de usar la rendición de cuentas en su sentido ético como obligación
moral, y también en su sentido estratégico, para generar esos recursos
morales que decimos. Las organizaciones civiles (y creo que todas las
instituciones humanas) necesitan socios, aliados y amigos que puedan
trabajar con ellas. La confianza, la lealtad, la comunicación, son
insumos necesarios para ello. Se trata entonces, parcialmente por lo
menos, de una tarea cultural y moral que es más etérea que la de
promulgar leyes y controles, pero es igualmente necesaria y
complementaria.
Habida
cuenta de la escasez de recursos que padecen la práctica totalidad de
las organizaciones civiles mexicanas, un modo de rendición de cuentas
ética ofrece la posibilidad de recuperar las fortalezas culturales de
que ellas disponen (como tradiciones y prácticas, creencias y valores
compartidos, amistad, flexibilidad), disminuyendo la carga económica
que representa la adopción de sistemas de control burocratizantes,
punitivos e impuestos desde el exterior. Queda por ver cómo se consigue
que los resultados de los ejercicios de rendición de cuentas sean
comunicados efectiva y persuasivamente a la sociedad más amplia y a las
instancias estatales.
En
tercer lugar, la propuesta de una rendición de cuentas ética significa
que se creen las estructuras al interior de las organizaciones que se
comprometan con la coherencia y la responsabilidad de sus acciones en
relación con una serie de principios morales que constituyen la
identidad, la misión o justificación de la institución en su conjunto,
en relación con cierta ética profesional específica. Un lugar principal
en esa estructura es el respaldo de los líderes o directivos, sea en la
forma de la dirección ejecutiva o el órgano superior de gobierno. Por
otra parte, no sería suficiente dejar todo a la buena voluntad de cada
organización. También sería muy conveniente crear organismos
interinstitucionales que avalen, asesoren o actúen como árbitros con
capacidad de certificación y laudo. La sujeción de las organizaciones a
la autoridad de estas entidades sería voluntaria, en la medida que se
trataría de una autoridad moral creada al interior del propio sector no
lucrativo. Por su parte, la regulación por parte del Estado se
limitaría a los mínimos necesarios y siempre con el espíritu de
facilitar y promover y no de controlar las iniciativas civiles. El
fortalecimiento de las instituciones en México, no solamente de las
organizaciones civiles que aquí tomamos como ejemplo, pasa por hacer la
tarea de fortalecerlas moral–mente, y ésa es una labor en la que una
rendición de cuentas integrada —ética, técnica y legal—seguramente
puede contribuir en mucho.
1 Los estudios clásicos más influyentes seguramente son los de Max Weber (la política como vocación, 1919; Economía y sociedad,
1922). Por ser una producción menos conocida vale sugerir, para
comenzar una búsqueda en la literatura en inglés, M. J. Skidmore,
"Ethics and Public Service", en Annals of the AAPSS, núm. 537, enero de 1995, pp. 25–36. La revista mexicana Buen Gobierno dedicó su número 4 a los estudios sobre ética y transparencia en el gobierno (México, primer semestre del 2008).
2 Ejemplo de ello la convención de las naciones Unidas contra la corrupción (2003) y la convención
para combatir el cohecho de servidores públicos extranjeros en
transacciones comerciales internacionales de la Organización para la
cooperación y el Desarrollo Económico (1997). Para recomendaciones prácticas véase OCDE, la ética en el servicio público. Madrid, Ministerio de las Administraciones Públicas, 1997.
3 Para referir a las diferencias entre las designaciones de las organizaciones civiles véase J. Cadena Roa, las organizaciones civiles mexicanas hoy. México, UNAM , 2004, pp. 7–19; [ Links ] M. Canto, "La participación de las organizaciones civiles en las políticas públicas", en J. L. Méndez, Organizaciones civiles y políticas públicas en México y centroamérica. México, map , 1998, pp. 77–97. [ Links ]
4 John Rawls, Teoría de la justicia. México, FCE , 1979, p. 17. [ Links ]
5 D. García Marzá, Ética empresarial, del diálogo a la confianza. Madrid, Trotta, 2005, pp. 49–60. [ Links ]
Este autor destaca los recursos morales como pertenecientes a la
organización, en tanto que J. P. Dobel se refiere a los recursos
morales como recursos de los agentes morales para formar juicios
adecuados, necesarios para ejercer bien la discrecionalidad (prudencia,
integridad, carácter, entre otros). Véase de este autor, "Integrity in
the Public Service", en Public administration Review. Mayo/junio, 1990, pp. 354–366.
6 J. P. Dobel, op. cit., p. 354.
7 J. P. Brodeur, "Accountability: the search for a theoretical framework", en Errol Medes, ed., Democratic policing and accountability, Global perspectives. Vermont, Ashgate, 1999, pp. 125–164. [ Links ]
8 Para abreviar, aunque sea al modo paradójico de Wittgenstein, "es claro que la ética no se puede explicar". L. Wittgenstein, conferencia sobre ética, 1965.
9
La idea de que las personas podemos elegir está implicada en todas las
grandes tradiciones éticas (filosóficas) de Occidente. Se halla en las
dos grandes tradiciones que formulan la libertad al nivel del
individuo, en el sentido de la noción de facultad o "libre arbitrio".
La primera (aunque sólo sea en sentido cronológico), la teleológica,
desde Aristóteles y Aquino ("toda acción y elección [
] parecen tender
a algún bien", Ética nicomaquea, I, 1); y se halla aún de forma
más intensa, en la tradición kantiana: "La ley de la causalidad por
libertad, es decir un principio puro práctico, es aquí inevitablemente
el comienzo" ("Introducción", en crítica de la razón práctica.
México, UAM, 2001, p. 14). Y en un sentido diferente, como atributo
fundamental del individuo en la sociedad, se encuentra en el
liberalismo clásico: "El objeto de este ensayo no es el llamado libre
arbitrio, sino la libertad social o civil" (J. S. Mill, "Introducción",
en sobre la libertad. Madrid, Alianza, 1997, p. 81), "el
individuo no debe cuentas a la sociedad por sus actos en cuanto éstos
no se refieren a los intereses de ninguna otra persona sino a él mismo"
(ibid., p. 225). A esta tradición hay que adscribir la obra ya
citada de John Rawls. La libertad como el tema de reflexión central de
la filosofía se encuentra en el existencialismo del siglo XX. También
hay posiciones filosóficas que niegan que, en último término, haya
libertad en sentido fuerte. Las más célebres entre las clásicas serán
el estoicismo greco–romano y la obra de B. Spinoza (Ética demostrada según el orden geométrico).
10 En ese sentido véase la amplia obra de I. Ajzen y M. Feishbein, Belief, attitudes, Intentions, and Behavior. an Introduction to Theory and Research. Addison–Wesley, 1975; [ Links ] I. Ajzen, attitudes, Personality and Behavior. UK, Open University Press/McGraw Hill, 2005. [ Links ]
11
La noción de responsabilidad es una de las más discutidas en la
literatura de ética general y de organizaciones. Quizá la obra original
contemporánea más influyente que tiene esta noción como propuesta
central, sea el libro de Han Jonas, El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización, 1979.
En un sentido diferente, un resumen de la idea de responsabilidad
social empresarial, muy de moda, puede verse G. Serna, "El concepto de
responsabilidad social empresarial y las buenas prácticas entre las
empresas mexicanas", en A. Hernández, Transparencia, rendición de cuentas y construcción de confianza en la sociedad y el Estado mexicanos. México, IFAI/Cemefi, 2006, pp. 151–164. [ Links ]
También en C. Llano hay reflexiones valiosas sobre las múltiples
dimensiones de la responsabilidad de cara a su implicación en las
organizaciones (análisis de la acción directiva. México, Limusa, 1979). [ Links ]
12 Esta noción es semejante a la idea de "imputabilidad" propuesta por P. Ricoeur.
13 J. P. Brodeur, op. cit., p. 152.
14
"Accountability is part of an intricate conceptual network that
encompasses such concepts as answerability, responsibility, liability,
sanction, duty, oversight, control, standard and performance
assessment, just to name a few" (J. P. Brodeur, op. cit., p. 126). "La rendición de cuentas sí es un familiar muy cercano de accountability. Hay matices que separan los dos conceptos [
]. Podemos precisar que accountability es la rendición obligatoria de cuentas" (A. Schedler, ¿Qué es la rendición de cuentas? México, IFAI, 2004, p. 11). [ Links ]
15 Ebrahim Alnoor, "Making sense of accountability: conceptual perspectives for Northern and Southern non profits", en Nonproft Management and Leadership, vol. 14, núm. 2, invierno, 2003, pp. 191–212. [ Links ]
16
Una exposición básica y completa de noción de rendición de cuentas —que
no incluye la perspectiva moral— puede verse en A. Schedler, op. cit. Disponible gratuitamente en formato electrónico en www.ifai.org.mx
17 M. Weber, la ética protestante y el espíritu del capitalismo. México, FCE, 2003. [ Links ]
18 "La
sociedad civil también es el ámbito de las actividades profesionales,
la opinión pública, las asociaciones cívicas y, sin duda, las
organizaciones económicas. Lo cual quiere decir que las profesiones
juegan un papel importante en la sociedad civil, por ello su necesidad
de afirmarse como espacio público diferente de las actividades
económicas y de las políticas, que hoy pretenden ocupar todo el espacio
público. Tan importante es el espacio profesional en la sociedad civil
que sin ella ninguna actividad política y empresarial podría realizar
sus actividades con óptimos resultados" (M. A. Polo Santillán, "Ética
profesional", en Razón Práctica y asuntos Públicos. Revista de Ética y Filosofía Política, núm. 7, 2008. Recurso electrónico consultado el 16 de junio de 2008: http://racionalidadpractica.blogspot.com [ Links ]
19 M. Canto, "La disputa teórica sobre las organizaciones civiles", en J. Cadena Roa, las organizaciones civiles mexicanas hoy. México, UNAM, 2004, pp. 49–71. [ Links ]
20 R. Fernandes, "Privado y público a la vez. El tercer sector en América Latina", en ciudadanos en construcción de la sociedad civil. Washington, Civicus, 1994. [ Links ]
21 E. Freeman, strategic Management: a stakeholder approach. Pitman Publishing, 1984; D. García Marzá, op. cit., pp. 191–195.
22 David Brown, M. Moore y J. Honan, "Building Strategic Accountability Systems for International NGOs", en Accountability Forum, núm. 2, 2004, pp. 14–25. [ Links ]
23 Recomendamos al lector interesado consultar R. E. Goodin, comp., Teoría del diseño institucional. Barcelona, Gedisa, 2003, pp. 13–74. [ Links ]
24 R. Hardin, "Moralidad institucional", en R. E. Goodin, op. cit., pp. 163–196.
25 Véase Tomás de Aquino, suma de teología, 1–2, cuestiones 7 a 10.
26 La idea de un tipo ideal o protocolo de acción la encuentro en J. C. Suárez, Principios de ética profesional. Madrid, Tecnos, 2001, véase el capítulo "La ética de la virtud como diligencia profesional". [ Links ]
27 Alejandro Monsiváis, "Rendición de cuentas: un campo contencioso (a manera de introducción)", en Políticas de transparencia: ciudadanía y rendición de cuentas. México, IFAI/Cemefi, 2005, p. 7. [ Links ]
28 Entendemos
capital social en el sentido funcional laxo que le atribuyen autores
como James Coleman y Robert Putnam, como elementos de muy diversa
naturaleza que permiten a los agentes sociales establecer
colaboraciones con otros agentes y actuar dentro de un determinado
sistema social, y puede adoptar diversas formas, tales como redes,
confianza, costumbres compartidas, normas y expectativas. La idea de
capital social fue ampliamente difundida en la década pasada. Una buena
síntesis del concepto se encuentra en F. Portocarrero, "Capital social,
genealogía de un concepto", en J. Butcher, ed., El Tercer sector en México, perspectivas de investigación. México, Instituto Mora/Cemefi, 2006. [ Links ] Ejemplos sobre sus usos en B. Kliksberg, comp., capital social y cultura. claves estratégicas para el desarrollo. Buenos Aires, Banco Interamericano de Desarrollo/ FCE, 2000. [ Links ]
29 R. Salgado. "Transparencia y rendición de cuentas en organizaciones campesinas", en A. Hernández, op. cit., 2006, pp. 137–150.
30 M. Calvillo y R. Favela, "Dimensiones cuantitativas de las organizaciones civiles en México", en J. Cadena Roa, op. cit., p. 106.
31 S. García, M. Layton, L. García et al., Definición de una agenda fiscal para el desarrollo de las Organizaciones de la sociedad civil en México. México, Incide Social/ITAM/ICNL/Cemefi, 2007. [ Links ]
32 L. Salamon, Global Civil Society: Dimensions of the Non Profit Sector. Baltimore, Johns Hopkins University, 2001. [ Links ]
33 L.
Avritzer, "El nuevo asociacionismo latinoamericano y sus formas
públicas; propuestas para un diseño institucional", en A. Olvera, la sociedad civil, de la teoría a la realidad. México, Colmex, 1999. [ Links ]
34
Los indicadores de institucionalidad y transparencia propuestos por el
Cemefi son diez: 1. Acta constitutiva registrada ante notario público;
2. Autorización de la Secretaría de Hacienda como donataria; 3. Misión,
visión y objetivos; 4. Domicilio y teléfono verificables; 5. Informe
anual de actividades y estados de resultados financieros auditados; 6.
Consejo directivo o patronato voluntario formado por personas distintas
al equipo operativo; 7. Personal operativo contratado en nómina; 8.
Incorporación de voluntarios a los programas de la organización; 9. Más
de tres años de operación; 10. Más de tres fuentes distintas de
ingresos (Cemefi, 2005).
35 M. Calvillo y R. Favela, op. cit., p. 81.
36 G. Guadarrama, "accountability, debilidades de las instituciones de asistencia privada en el Estado de México", en A. Hernández, op. cit., pp. 113–136.
37 Mayor
discusión sobre esa idea en A. Hernández, "Estructura ética y cultura
organizacional: ¿formalización o compromiso? Reflexiones sobre un
estudio de caso", en A. Monsiváis, op. cit., pp. 143–179.
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